Por Rémy HERRERA
Transcripción de la intervención por videoconferencia de Rémy HERRERA el 6
de noviembre de 2020 en el debate organizado por el Partido Comunista Francés
(PCF) en su centenario.
Se propusieron inicialmente para este debate estas tres
preguntas :
¿Por qué una ruptura con el capitalismo?
¿Por qué una alternativa socialista?
¿Qué lecciones sacar de las experiencias de China,
Vietnam y Cuba?
Buenas tardes a todas y todos los camaradas.
Quiero dar las gracias a los organizadores por esta
iniciativa y por su invitación a hablar, a volver a hablar, de socialismo. Es
una suerte, pues hace ya lustros que el PCF ha renunciado a hablar de ello; es
más, ha renunciado al socialismo sin más. Y pienso personalmente, que es debido
a esta renuncia por lo que el Partido está donde está, es decir en lo más bajo.
El problema es que al abandonar el socialismo - que es
una vía, que es una transición - el Partido ha abandonado también la búsqueda
del ideal comunista; de ahí su actual deriva, de ahí esta impresión de estar
perdido.
Así que, lo confieso, sí, estoy muy contento de esta
iniciativa pero… me siento como un cura obrero invitado a un concilio en el
Vaticano, o como un miembro de alcohólicos anónimos invitado a una exposición
de vinos y licores para decir: “¡hay que dejar de beber!”. Permitidme decirlo
así medio en broma para no ser demasiado desabrido.
Acepté estar aquí y participar de este debate, no para
dividir, sino para contribuir, modestamente, a la unidad de aquellas y aquellos
que quieren hablar de socialismo con el fin de emprender una transición
socialista, en ruptura con el sistema actual en el que vivimos y en el que
vivimos cada vez peor.
Este sistema está en crisis. Esta crisis no es de ayer,
remonta a por los menos medio siglo; es estructural, grave, gravísima incluso,
es multidimensional. Es sistémica, lo que quiere decir que el sistema no va a
encontrar una solución por sí mismo. El capitalismo declina, el capitalismo se
degenera, y si no se hunde rápidamente es porque su Estado lo sostiene con las
dos manos; así fue el caso en 2008 cuando el sector financiero colapsó, y así
es el caso en la actualidad con la crisis “sanitaria” y una economía que vive
con el gotero puesto.

Lo que quiero decir es que no va a haber salida al
problema sanitario con gente que está destruyendo hospitales públicos; ni
salida al problema financiero con bancos que siguen especulando. No habrá
salida al problema medioambiental con ecologistas unos más neoliberales que los
otros, como tampoco la habrá para los problemas sociales con los social-liberales.
Y añadiré que ni siquiera habrá salida para el terrorismo religioso con
mercaderes del templo que han debilitado la educación nacional y la laicidad
vendiéndolas al sector privado, por añadidura confesional.
El capital nunca encontrará solución mediante su lógica
interna de beneficio por razones profundas, y múltiples; sobre todo: porque sus
nuevas tecnologías tienden a economizar mucho el trabajo humano y socaban la
creación de valor, porque el trabajo improductivo gana terreno al trabajo
productivo, porque las contradicciones del capital exigen una intervención del
estado que cada vez cuesta más, pero también porque la sobre-acumulación
proviene principalmente ya del capital ficticio y las finanzas cercan a todo el
sistema en una espiral de destrucciones, de conflictos, de guerras que termina
por amenazarnos a todas y todos de muerte.
Es por esto por lo que hay que emprender una transición
socialista; y no sólo para responder a un espíritu de justicia, es para
responder al llamamiento de la razón, es incluso una cuestión de supervivencia
para la humanidad, para la vida. De eso se trata, camaradas.
El socialismo no es solo una palabra, es una lucha. No es
un fin, sino un proceso de transición, largo, difícil, que puede tomar
múltiples formas en la vía de la emancipación, en el camino de la liberación
del trabajo del dominio del capital. Porque el capitalismo es eso, el dominio
del capital sobre el trabajo.
Oigo a algunos que dirán: ya se intentó y resultó mal.
Pero ¿cuándo el socialismo se ha intentado en este país? ¿En 1981? En 1981 lo
que hubo fue mitterrandismo y el “invento del neoliberalismo de Estado”, pero
no socialismo. Es lo que explico en mi último libro En Lutte!
¿Y la URSS, y la Europa del Este, no es eso un fracaso?
Sí. Lo que yo quiero deciros sobre este tema es que al capitalismo le llevó
siglos emerger y desprenderse del feudalismo, ¿por qué entonces el socialismo,
con una ambición más hermosa y mucho más justa, no tiene derecho a un tiempo
amplio? Además ¿es el socialismo igual en todos los sitios? Si así fuera,
habría fracasado en todos los sitios. Ahora bien, no es ese el caso, de ningún
modo es el caso. Se hace creer que el socialismo ha fracasado del todo para que
los trabajadores abandonen la lucha y se sometan, para que los pueblos del
Norte y del Sur crean que no hay, que ya no hay, más alternativa.
Por eso las experiencias de China, de Vietnam y de Cuba son
interesantes para nuestras luchas.
China es el mayor éxito económico del
mundo, incluso de la historia mundial. Dicen nuestros enemigos: “¿China? ¡Eso
es capitalismo!” Ahora bien nosotros, ¿tendríamos nosotros que creerles, que repetirlo
y atribuir el éxito chino al capitalismo? ¡Esos elogios no los merece el
capitalismo! No, este éxito chino se debe principalmente, esencialmente, al
socialismo. Ninguno de los recientes logros chinos hubiera sido posible sin una
encarnizada lucha contra el capitalismo, sin un control estricto de los
capitalistas, sin la revolución que comenzó en 1949, que extirpó la miseria y
la guerra del pueblo chino, y que le ha aportado el progreso social, la
educación, la sanidad, las infraestructuras públicas, la independencia, la
dignidad…
Seamos pues modestos pero no sumisos. Los chinos dicen:
estamos explorando una transición larga hacia el socialismo. Intentemos
comprenderles, aprendamos, seamos respetuosos.
Que no haya malentendidos: China está lejos, muy lejos
del ideal comunista; hay demasiado desigualdad, demasiados defectos en esta
etapa de transición, que es una etapa inicial del socialismo. Pero lo que es
cierto es que el pueblo chino y sus dirigentes están lanzados en la batalla
de la transición socialista. ¿Cómo terminará esto? Yo no lo sé. Pero es
imposible negarles su voluntad. La historia no ha terminado.
Por otra parte, camaradas, imaginaos por un instante nuestro
país con la propiedad de los suelos y subsuelos colectivizada; con la mayoría
de las grandes empresas nacionalizadas; con la moneda, el banco, las finanzas
controladas por el estado; controlada también la actuación de las
transnacionales extranjeras en el territorio nacional; y además de la
planificación, en la cumbre del poder, para supervisar a un estado
superpoderoso ¿quién? ¡un Partido Comunista! Imaginaos a nuestro país
organizado así, es decir, como lo está China actualmente. ¿Qué
diríamos? ¿Qué esto es capitalismo? ¡Sin bromas! Se diría que es socialismo. Nuestros enemigos
capitalistas dirían incluso: ¡eso es comunismo! Digamos más bien que se trata
de una forma de socialismo de mercado, con capitalistas, por supuesto, pero
capitalistas estrictamente controlados por el poder político de un Partido
comunista.
China ciertamente no es un país comunista, pero está en
lucha con el capitalismo para intentar dominarlo. Hay que intentar comprender
todo esto, pensar por nosotros mismos y, desde un principio, liberarse de la
ideología dominante, de la opresión de los medios de información dominantes que
se han convertido entre nosotros en el primer obstáculo a la libertad de
expresión.
En Vietnam es un poco lo mismo que en China después del “Doi Moi”,
es decir, la renovación del socialismo, un proceso de mercado socialista
iniciado después de los años tan difíciles de la posguerra, después de que
Estados Unidos hubiera lanzado sobre el país tres veces más bombas que todos los beligerantes de la Segunda
Guerra mundial juntos. Y más recientemente, la encomiable manera como Vietnam
supo afrontar la pandemia del Covid-19 ha sido aquí en Francia completamente silenciada,
con el pretexto de que los vietnamitas mienten. ¡Cuando es nuestro propio
gobierno, sometido al poder financiero y en guerra contra todo un pueblo, el
que miente!
De estas tres experiencias actuales, es Cuba la que más
alejada está del capitalismo. Es pues lógico que sea contra Cuba contra la que
el imperialismo más se ensaña imponiéndole el bloqueo. Sin socialismo Cuba no
hubiera resistido después de la caída de la Unión soviética. Pero sin la
resistencia de Cuba hoy ya no hablaríamos de socialismo en América latina.
Ahora bien, por todo este continente latino-americano, los pueblos están en pie
y luchan por el socialismo. ¡Mirad Bolivia y la recientísima magnífica victoria
de su pueblo! Se dirá que en Cuba hay penuria. Pero es una penuria creada por
el bloqueo imperialista, no por el socialismo. Antes de la caída de la Unión Soviética en Cuba había de todo. Hoy, en Cuba faltan muchas cosas materiales,
pero no falta en absoluto el espíritu de solidaridad. Los italianos lo saben
bien, y todos los países africanos y casi todos los países del Sur lo saben
también bien cuando desde hace mucho tiempo vienen recibiendo la ayuda y
cuidados de las misiones internacionalistas cubanas.

Queridos camaradas, Cuba
es absolutamente fundamental para nosotros porque los cubanos nos demuestran
que es posible resistir.
Lo que nosotros podemos aprender de la experiencia de
estos tres países es:
● en primer lugar,
que hay que resistir, incluso si el imperialismo impone un bloqueo, incluso si
el imperialismo llega a arrasar tu país.
● segundo, que
existe una alternativa, que esta alternativa se llama socialismo, que incumbe a
los Partidos comunistas asumir sus responsabilidades;
● y para terminar, que el socialismo sigue de actualidad;
que debe, que puede incluso rebasar al capitalismo; que no es sinónimo de
ineficacia, de penuria, sino de reparto, de opulencia incluso (una cierta
opulencia, como lo deseaba Marx, como lo deseaba Lenin).
Así pues, hay que comprender que el capitalismo se está
acabando, que el capitalismo agoniza, que va a desencadenar una violencia
extraordinaria contra todos los pueblos antes de desaparecer, y que es el
socialismo, la solidaridad, lo que camina con la historia.

Pero además de estas lecciones,
importantes, ¿qué podemos sacar en conclusión de todo esto? Las experiencias
cubana, vietnamita y china evidentemente no son exportables, es más, son
inmensamente perfectibles, en todos los ámbitos; pero nos interesan porque en
ellas se funden tres dimensiones clave: la dimensión de la emancipación social
(anticapitalista), la dimensión de independencia nacional (antiimperialista) y
la dimensión del humanismo igualitario (antirracista). La articulación de estas
tres dimensiones es la que define la transición socialista de cada una de
ellas, la que define su “proyecto comunista”. Incluso si estas tres
revoluciones, que están en pie a la hora actual, y que resisten, tienen cada una
condiciones históricas, socio-económicas y culturales particulares - lo que
significa que nosotros aquí en Francia tenemos que buscar nuestras formas de
lucha, renovadas, adaptadas para ser más eficaces en vistas a arrostrar los
desafíos actuales -, el análisis de los mecanismos profundos de estas tres revoluciones me parece
útil para nosotros. Los tres son, ya lo dije: 1. antirracistas; 2.
antiimperialistas; 3. anticapitalistas. ¿Qué quieren decirnos, a nosotros?
1. El antirracismo, porque, por supuesto,
combatir el racismo de la extrema derecha y del sistema es prioridad absoluta.
Pero no a la manera como lo hace la derecha que pone las comunidades unas
contra otras; ni como lo hace la “nueva derecha” social-liberal del Partido
Socialista francés, antirracista de palabras pero con sus actuaciones que apuntan
a neutralizar las luchas populares, sobre todo en los barrios y suburbios de la
periferias. No, nuestro combate, el nuestro, contra el racismo, no es societal, es político, es
socio-económico. Y lo mismo ocurre con los otros combates fundamentales,
entrelazados: el combate por la democracia, el combate por la igualdad
hombre-mujer, el de la protección del medioambiente, que hay que situar,
también en el corazón de nuestras luchas comunes por el socialismo. A este
propósito, el Islam político, al igual que los otros fascismos, no quiere en
absoluto romper con el capitalismo; al contrario, es un aliado y cómplice del
imperialismo. Así que, una vez más, la opción por el socialismo será para
nosotros el más seguro baluarte contra todos los fascismos, comprendido el
fascismo del islamismo político.
2. El
antiimperialismo, quiere decir no solo poner fin a la lógica de la guerra de la
OTAN bajo la hegemonía de Estados Unidos ; quiere decir liberarse también del
yugo europeo. De todo corazón le deseo a Fabien Roussel en el PCF mucho ánimo
cuando quiere hablar de socialismo continuando en la zona euro. La Unión Europea fue construida precisamente para impedir el socialismo, incluso ese fue
su primer objetivo. Mucho ánimo a Laurent Brun en la CGT cuando pretende
quedarse en la Confederación Europea de Sindicatos, eurólatra, social-liberal,
totalmente sometida al capital. De verdad, ¡mucho ánimo a los dos si pretenden
reformar lo irreformable! Esperando a Godot - esta Europa social que jamás
llegará por la simple razón de que el marco europeo realmente existente lo
prohíbe -, son la derecha y la extrema derecha las que ocupan el terreno de la
contestación de la que nosotros hemos decidido desertar. Quiero recordar que el
concepto de soberanía nacional nació en nuestras filas (en Valmy). De hecho, la
censura del debate sobre el euro no solo es antidemocrática, es simplemente
suicida. No reconstruiremos una perspectiva socialista, ni siquiera social, ni
moderadamente social, sin un cuestionamiento radical del euro.
3. El anticapitalismo significa
necesidad de romper con el sistema de dominación del capital al final de su
carrera, obsoleto, ya casi exclusivamente destructivo, asesino, incluso
criminal. La alternativa anticapitalista es la transición socialista. Es la
única alternativa razonable. ¿Qué quiere decir eso para nosotros? Quiere decir
más concretamente:
● unos servicios públicos fuertes,
concebidos como condiciones de la ciudadanía;
● planificación, para la aplicación de
una estrategia de desarrollo, socialista;
● el control de la moneda, de la banca y
de los sectores estratégicos de la economía, lo cual implica nacionalizaciones, replanteándolo totalmente a partir de las
experiencias pasadas;
● la propiedad colectiva de los recursos
naturales y urgencia de la protección de la naturaleza;
● formas de propiedad, diversas, sí,
pero orientadas hacia la socialización de las fuerzas productivas;
● una fuerte subida de los ingresos
laborales, más rápida, con un objetivo de justicia social, en una óptica
igualitaria;
● relaciones exteriores que garanticen
intercambios beneficiosos para todos y basadas en la paz.
● y por supuesto, una forma de
democracia política amplia, no ficticia como lo es hoy, sino auténtica, ampliamente
participativa, que posibilite y concretice opciones estratégicas colectivas.
Así que todos juntos, deslegitimemos el
capitalismo que promete la abundancia, pero generaliza la penuria (¡ya vemos lo
que da de sí en plena pandemia!). Desacreditemos este sistema capitalista que
nos vende felicidad en la publicidad, pero nos empuja a la peor de las crisis
desde 1945; que sacraliza la libertad individual, pero desmantela nuestros
derechos, destruye nuestros servicios públicos y empobrece cada día a más seres
humanos. Desmontemos este sistema arcaico que habla de democracia, pero impone
la dictadura de las finanzas. Camaradas, una dictadura no se recompone, se la
destruye. El orden que nos impone el capital financiero es, hoy por hoy, una
dictadura. Nuestro deber inmediato de todas y todos es unirnos para ponerle
fin.
Traducción de Red Roja