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viernes, 27 de enero de 2012

LA INTERNACIONAL SOCIALISTA Y AMÉRICA LATINA: UNA CÁSCARA VACÍA

Por Maurice Lemoine

En 1951, la Internacional Socialista retomaba sus actividades para “liberar a los pueblos de su dependencia de los dueños de los medios de producción”. Hoy sus dirigentes afirman querer atenuar los “efectos nefastos de la globalización”. Una lenta deriva que ilustra la actitud de estos “socialistas” frente a sus pares latinoamericanos.

En su discurso de apertura del Consejo de la InternacionalAmérica Latina Socialista (IS), reunido en la sede de... la muy liberal Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en París, el 15 de noviembre de 2010, la primera secretaria del Partido Socialista francés, Martine Aubry, no ocultaba su alegría: “Quiero saludar muy especialmente a nuestro presidente George Papandreu y felicitarlo por los resultados de las elecciones locales en Grecia [¡con una abstención récord del 53%!]. En un contexto difícil, son un apoyo y un triunfo que vienen a recompensar un coraje político que despierta admiración”. Se sabe lo que sucedió con el dirigente del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) y la “austeridad justa” que pretendió imponer a su país. Se conoce también la suerte reservada por su pueblo a muchos miembros eminentes de la organización socialdemócrata: Laurent Gbagbo, Zine El Abidine Ben Ali y Hosni Mubarak, por sólo mencionar a algunos. Con tal déficit de análisis y un modo de funcionamiento similar, ¿sorprende realmente que este noble cónclave “socialista” ignore por completo los movimientos de fondo que sacuden a desde hace ya más de una década?

El 7 de diciembre de ese mismo año 2010, en Bruselas, un retrato y un nombre dominaban el ingreso “Altiero Spinelli” del Parlamento Europeo: los de Guillermo Fariñas, tercer opositor cubano en ocho años al que se le otorgaba el Premio Sájarov a los derechos humanos y la democracia. En cambio, sin publicidad alguna, en un anfiteatro, una decena de eurodiputados y asistentes parlamentarios escuchaban a sindicalistas y defensores de los derechos humanos provenientes de Colombia.

Los testimonios producían escalofríos: desde la llegada a la Presidencia, cuatro meses antes, de Juan Manuel Santos (ex ministro de Defensa de su predecesor Álvaro Uribe), habían sido asesinados treinta y nueve sindicalistas y doce militantes del Polo Democrático Alternativo (PDA), entre otros. El socialdemócrata danés Ole Christensen brindó mayor información: en julio de 2010, con el laborista británico Richard Howitt, también presente, había acompañado a la organización Justice for Colombia a un lugar tristemente célebre, La Macarena: “Estuvimos hasta en el osario. Hay más de dos mil personas (víctimas del ejército y de los paramilitares) enterradas allí. Tenemos que decir ‘No’ al Tratado de Libre Comercio (TLC) que negocian la Unión Europea y Colombia”. Una sola voz se elevó para defender a Bogotá, la del representante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Emilio Menéndez del Valle: “¿Usted piensa que en tres meses un gobierno puede resolver todos los problemas? Si un país entero votó masivamente [55,59% de abstención] por Santos, ¡debe ser respetado!”.

Divisiones

Pertenecientes a agrupaciones miembros de la Internacional Socialista, los eurodiputados Christensen y Howitt claramente no expresan a la mayoría. El eurodiputado belga y asesor de Izquierda Unida Europea/Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL) (1) Paul-Émile Dupret, repasa el espíritu de esta reunión y de muchas otras: “En su grupo parlamentario –el Partido Socialista Europeo (PSE)–, Christensen y Howitt están más bien a contracorriente. No estoy seguro de que la mayoría se pronuncie en contra de la firma del TLC. El presidente del grupo, el alemán Martin Schulz –Partido Socialdemócrata (SPD)– se muestra favorable al mismo. El PSOE aun más, ¡incondicionalmente!”.

Sin remontarse a la noche de los tiempos, cabe recordar que, fundado en 1933 por Salvador Allende, el PS chileno se negó a afiliarse a la IS, criticando sus “posturas conformistas en el seno del sistema democrático burgués capitalista” (2). Durante la Guerra Fría, la cuestión no se planteó realmente: al considerar la región como una zona de influencia de Estados Unidos, la IS no corrió riesgos. “No recuerdo textos que hayan condenado el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954 –reflexiona Antoine Blanca, por entonces miembro de la Secretaría de Relaciones Exteriores de la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO)–. Diez años más tarde, cuando pedí la palabra para denunciar la intervención de los marines en Santo Domingo, Guy Mollet ¡me miró con ojos atónitos!”.

Mientras tanto, la Revolución Cubana (1959) había ubicado sin embargo al antiimperialismo en el centro del debate. Sin grandes consecuencias: “La IS se mostró interesada, pero finalmente se mantuvo muy distante”. Hasta el 11 de septiembre de 1973. Traumatismo tan fuerte como la Guerra Civil española, el derrocamiento y la muerte de Salvador Allende generaron en los socialistas europeos “una solidaridad emocional y el descubrimiento de un mundo que no se conocía”, recuerda Blanca quien, por mandato de la IS, se subió a un avión unos días después del golpe. En Viña del Mar, tuvo un momento de recogimiento ante la tumba del compañero presidente, antes de ser expulsado. “Fue el primer desafío digno de ese nombre, respecto de Washington, de una Internacional que, hasta ese momento, hacía todo como para mostrarse sumisa a la estrategia estadounidense y a la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte]”.

El apoyo de Estados Unidos a las dictaduras constituiría desde entonces el principal punto de disenso de una generación socialdemócrata –Willy Brandt (Alemania), Olof Palme (Suecia), François Mitterrand (Francia), Bruno Kreisky (Austria), pero también Mario Soares (Portugal) o Felipe González (España)– con el aliado estadounidense. Por su parte, los partidos reformistas víctimas de esos regímenes autoritarios buscaban aliados entre los países desarrollados. Los contactos se multiplicaban. En abril de 1976, tuvo lugar una primera reunión formal en Caracas, por invitación del presidente venezolano Carlos Andrés Pérez y su partido Acción Democrática (AD). La Primera Conferencia Regional de la IS para AméricaLatina y el Caribe, en Santo Domingo, en marzo de 1980, marcó el despliegue de esta corriente política en la región.
 
Entre las veintinueve organizaciones locales figuraban entonces, por Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), admitido en 1978, cuando aún luchaba armas en mano para expulsar a Anastasio Somoza. Fidel Castro fue invitado como presidente en ejercicio del Movimiento de Países No Alineados. Y los europeos “se involucraban”: la presencia de partidos “hermanos” en el seno del Frente Democrático Revolucionario (FDR) en El Salvador, del Frente Democrático contra la Represión (FDCR) en Guatemala y del Frente Patriótico (FP) en Honduras –que, en los dos primeros casos, incluían un brazo político y un ala insurgente– los llevó a apoyar, de hecho, la lucha armada.

En Francia, en 1981, Mitterrand llegó al Elíseo con una rosa en el puño. Bajo la influencia de Lionel Jospin, Régis Debray (encargado de misión de la Presidencia de la República) y Blanca (quien sería designado en 1982 embajador itinerante para América Latina), París desafió a Estados Unidos en una región muy sensible para la potencia norteamericana. El 28 de agosto de 1981, la declaración franco-mexicana sobre la representatividad de la oposición salvadoreña –incluyendo su brazo armado (3)– tuvo un impacto considerable. Mitterrand no ocultaba su simpatía por los sandinistas; las relaciones con Cuba estaban en un buen momento. “En nombre de la IS y a espaldas de Washington –se entusiasma Blanca–, logré asestar ‘golpes’, como impedir un conflicto entre Costa Rica y Nicaragua”.

A pesar de la irritación de Ronald Reagan, prevalecieron las tesis de la Internacional, es decir, la resolución política de los conflictos armados. El presidente de Costa Rica, Oscar Arias, propuso el plan de paz para América Central que le valdría en 1987 el Premio Nobel. Miembro, durante todo ese período, de la comisión político-diplomática de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), el ex guerrillero Miguel Ángel Sandoval recuerda: “Nuestro movimiento vio siempre en la IS un espacio capaz de servir a sus objetivos: la negociación y la búsqueda de la paz. Así, nuestro primer encuentro con el gobierno y el ejército tuvo lugar en Madrid, gracias a la mediación del PSOE. Pero siempre fuimos conscientes de las profundas diferencias que existían entonces entre partidos como el sueco, el francés, el español y otros, más reformistas o claramente de derecha”.

En efecto, desde Santo Domingo, se perfilaron divisiones. Algunos miembros latinoamericanos de la IS –el Partido de Liberación Nacional (PLN, Costa Rica), AD (Venezuela), el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), etc.– se distanciaron de los europeos. A diferencia de estos últimos, al no hundir sus lejanas raíces en el marxismo, no cuestionaban en absoluto el capitalismo y se mostraban en muchos casos fervientemente anticomunistas. “El concepto mismo de clase social es muy discutible en América Latina”, se atrevería a decir el dirigente de la Izquierda Democrática (ID) ecuatoriana Rodrigo Borja (4).

Vagamente reformistas, se valían de la IS para sacarle ventaja a la democracia cristiana cuando cayeran las dictaduras y porque, teniendo en cuenta la potencia económica de los países que gobernaban o gobernarían pronto sus amigos al otro lado del Atlántico, calculaban las ventajas que podrían obtener de ello. “La Internacional Socialista mantiene una relación clientelista –reaccionaría en 1999 el mexicano Porfirio Muñoz Ledo, del Partido de la Revolución Democrática (PRD)–. Algunos partidos vienen aquí a codearse con los europeos como si se codearan con una clase alta” (5).

En el Comité de la IS para América Latina y el Caribe (SICLAC) creado en 1980 conviven tanto el FSLN como la muy centrista Unión Cívica Radical (UCR) argentina; el PS chileno (¡afiliado en 1996!), que cogobernó con la democracia cristiana, y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mexicano, en el poder durante setenta años de manera bastante poco democrática. También se encuentra allí el Partido Liberal (PL) colombiano, que introdujo el modelo neoliberal (1990-1994), bajo cuyos gobiernos fue exterminada la agrupación de izquierda Unión Patriótica (1986-1990) y al que perteneció, hasta 2002, Uribe (6).

Poco importa. Al multiplicar las adhesiones a la Internacional, los socialistas del Viejo Continente “extienden su influencia”. De esta manera, como buenos gestores formados en el marco liberal e intentando mejorarlo marginalmente, promueven los intereses de los sectores de negocios y del capital europeos.

Una “verdadera política social”

Reunión del Consejo de la IS, en Buenos Aires, el 25 y 26 de junio de 1999: “Antes, el socialismo era más duro y estatista –señalaba agitado Felipe González–, pero el socialismo democrático aceptó siempre el mercado que, de hecho, va de la mano con la democracia” (7). Si bien condenaba “las trágicas desigualdades que golpean al mundo”, el documento final exhortaba “a sacar provecho de la globalización” para eliminar el desempleo, el hambre y la indigencia (8). En resumen, comentaba el brasileño Leonel Brizola (Partido Democrático Laborista, PDT), el texto “es tan general que puede servir tanto al pie derecho como al izquierdo” (9). Un breve párrafo que pasó inadvertido mencionaba la preocupación de la IS frente a “la evolución del proceso político en Venezuela [y a] la política de confrontación permanente del gobierno con las autoridades establecidas”. El presidente Hugo Chávez ocupaba el poder desde hacía apenas... seis meses.

Un mismo ceremonial rige tanto para los Consejos (en los cuales participa el conjunto de partidos) como para las reuniones locales del SICLAC. “Hay que pasar dos días de total agobio escuchando las intervenciones de algunos jefes de Estado o de partidos, discursos generalmente preparados por sus asesores y que, a menudo, descubriéndolos al llegar al estrado, leen agitados”, gesticula la ex vicepresidenta de la IS Margarita Zapata (FSLN). “Una retahíla de palabras huecas –completa Blanca–, llenas de buenas intenciones, de las que no surge estrictamente nada, sin orientación normativa para nadie: cada uno se va por su lado sin tener una idea más precisa de la situación”.

Único interés de estos foros: “Hay encuentros privados cara a cara e intercambios de grandes abrazos con los viejos compañeros” (Blanca). “Se establecen contactos y, sobre todo, uno se encuentra con los amigos” (Zapata). Ahora bien, nadie lo ignora, “los enemigos de mis amigos son mis enemigos”.

“Tomando las decisiones que, creo, se tomarán, el país es particularmente viable”, se entusiasma el español González luego de que, el 1 de enero de 1989, Carlos Andrés Pérez –apodado CAP– reasumiera como presidente de Venezuela (10). ¡Buena observación, “camarada”! Convertido al liberalismo y habiendo negociado un ajuste estructural con el Fondo Monetario Internacional (FMI), CAP hambreó al pueblo de la noche a la mañana. Y el pueblo se sublevó el 27 de febrero, en lo que quedaría en la historia como el Caracazo.

Con una brutalidad inusitada, la respuesta del poder causó unos tres mil muertos. Más afortunado que la Reagrupación Constitucional Democrática (RCD), el partido del presidente tunecino Ben Ali, que la IS expulsaría tras la represión del movimiento popular de enero de 2011, Acción Democrática, el partido de CAP, salió del paso sin un rasguño. En 1993, tras su destitución por corrupción, el Buró de la Internacional enviaría a CAP un comunicado expresándole su estima y amistad. Es verdad que, durante su primer mandato, “había sido generoso con sus amigos europeos: es de público conocimiento que, bajo la dirección de González, el PSOE se benefició ampliamente de su ‘solidaridad’ financiera” (11). Lo que generó la antipatía del teniente coronel Chávez quien, el 4 de febrero de 1992, se sublevó contra esa “democracia injusta y corrupta”.

Al igual que en Venezuela, los dirigentes de los partidos latinoamericanos miembros de la IS que llegaron al poder en los años 80-90 –Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México, Panamá, etc.– tuvieron una verdadera política social: satisficieron las necesidades de los bien vestidos y los bien alimentados. Desregulando y privatizando drásticamente, en connivencia con Washington, el Banco Mundial y el FMI, terminarían desacreditados, o incluso derrocados. Surgidos de las luchas o impulsados por movimientos populares, surgieron nuevos líderes: Chávez (Venezuela), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador).

El 19 y 20 de julio de 2002, el SICLAC se reunió en Caracas. Sus anfitriones fueron los venezolanos Rafael Ángel Marín, dirigente de AD, Antonio Ledezma (Alianza Bravo Pueblo, ABP) y Miguel Henrique Otero, director del diario El Nacional. En diversos grados, todos participaron del intento de golpe de Estado contra Chávez, el 11 de abril anterior. “Advertido por amigos del PRI y del FSLN –cuenta Maximilien Arvelaíz, por entonces asesor del presidente venezolano–, me contacté con el secretario general de la IS, el chileno Luis Ayala, quien aceptó un encuentro con Chávez, con una condición: los participantes que lo desearan irían allí ‘a título personal’. Al día siguiente, efectivamente, algunos vinieron, pero, a último minuto, Ayala desistió”.

Al término de su reunión, el SICLAC emitió un comunicado en el que anunciaba su decisión de “apoyar a Acción Democrática y a la Coordinadora Democrática en la movilización y defensa del sistema democrático y sus instituciones”; dicho de otro modo: ¡a los golpistas! Presente como observador del PS francés, Jean-Jacques Kourliandsky recuerda este episodio: “Estuve a punto de ser agredido por el secretario general de AD por haber protestado: esas conclusiones habían sido redactadas y publicadas en la prensa opositora venezolana ¡antes de que comenzaran las reuniones!”. Luego, se encoge de hombros: “En realidad, no tienen ningún valor”. ¿Error o ceguera? Aún hoy figuran en el sitio oficial de la IS (12), como todas aquellas que seguirían, emanación directa de los tres partidos venezolanos miembros –AD, Movimiento al Socialismo (MAS), Podemos–, todos violentamente hostiles a la Revolución Bolivariana.

Ignorancia total

“¿La Internacional Socialista?”. Ex asesor de la embajada de Bolivia en Francia, Alfonso Dorado señala con grandes gestos: “Jaime Paz Zamora fue su vicepresidente. Eso incide mucho en la memoria colectiva...”. Dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Paz Zamora celebró un acuerdo en 1989 con el ex dictador Hugo Banzer con el fin de acceder a la Presidencia. En 2002, para contrarrestar el crecimiento de Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS) –no confundir con el partido homónimo venezolano–, se alió al multimillonario Gonzalo Sánchez de Lozada quien, tras ser elegido, sería expulsado del poder por una explosión social en octubre de 2003. El MAS boliviano no pertenece pues a la IS, tampoco el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), la Alianza País de Correa, el FMLN salvadoreño, la URNG guatemalteca; por otra parte, nadie se los pidió.

La Internacional sólo tiene un sueño: lograr la adhesión del Partido de los Trabajadores (PT) del poderoso Brasil y del ícono de la izquierda latinoamericana, Lula da Silva. Pero el PT puso sus huevos en otra canasta. En 1990, junto con Fidel Castro, fundó el Foro de San Pablo, que reúne tanto a partidos moderados (también miembros de la IS) como a agrupaciones nacidas de la lucha armada, partidos comunistas (incluyendo el cubano) y sus diferentes escisiones. “Enfrentar al neoliberalismo en América Latina –explica Valter Pomar, miembro de la dirección nacional del PT– exigía una actitud abierta y plural, teniendo en cuenta tanto la crisis por la que atravesaba el comunismo como la que golpeaba a la socialdemocracia. Dicho esto, mantenemos buenas relaciones con la IS...”. Pero de lejos.

Aferrados a sus antiguas alianzas, los socialdemócratas europeos, con la notable excepción de los portugueses, nada comprenden de esta nueva América Latina que se atreve a mencionar el “socialismo del siglo XXI”, busca la vía de una democracia “participativa”, a veces se equivoca, avanza, retrocede, pero que, en materia social, obtiene notables progresos.

A través de la Fundación Friedrich Ebert, el SPD alemán dispone de enormes medios, pero no se interesa por la región. Aplastados por Anthony Blair, los laboristas británicos “de pura cepa” parecen una tribu en vías de extinción. Silencio de radio en Italia donde, sin embargo... “Massimo d’Alema (Partido Democrático) vino a Caracas –se divierte Arvelaíz–. Estaba muy tenso. Hicimos que se encontrara con Chávez. ‘¡Esto me recuerda a mi juventud!’, exclamó al salir, encantado...”.

En el Parlamento Europeo, “donde, desde hace varios años, los acuerdos de librecomercio son el principal tema abordado, el grupo socialista, en su mayoría, no es muy progresista –constata Dupret–. Por ejemplo, nunca obtuvimos su apoyo para inscribir a Honduras (donde hubo un golpe de Estado en 2009) en el orden del día”. En cambio, en 2004, fue el presidente del PSE, el español Enrique Barón Crespo, quien propuso invitar a Uribe, el jefe de Estado colombiano. Durante el discurso de este último, el 10 de febrero, “el GUE/NGL, los ecologistas, algunos liberales y muchos socialistas, desautorizando a Barón Crespo, abandonaron la sala. ¡Pero no los españoles!”.

Tratándose de América Latina, Madrid ejerce una influencia considerable en el seno de la UE. Siguiendo a Cuba –la última de sus colonias– tan de cerca como si se tratara de Galicia o Andalucía, España fue casi la única en defender la normalización de las relaciones de la isla con la UE. Hasta que perdió el poder, en noviembre de 2011, el PSOE desempeñó un papel importante a través de la cooperación. “Pero no se trata en absoluto de una proximidad política”, señala el boliviano Dorado (ver “La posada española”).

Gran conmoción en París, el 22 de octubre de 2010, en la sede del Partido Socialista: portavoz del PS, Benoît Hamon anunció que “se dispondría” a viajar a Venezuela y encontrarse allí, ¿por qué no?, con el presidente Hugo Chávez. Se ganó la ira del ala derecha del partido; los strauss-kahnistas trataron de atacarlo.

De su experiencia en la embajada de Bolivia, Dorado saca una conclusión decepcionante: “Tuvimos contactos anecdóticos con Ségolène Royal y Martine Aubry, pero el PS nunca manifestó un interés particular por saber qué pasa en nuestro país. Tratamos de profundizar la relación, sin resultados; nunca tuvimos pues la ocasión de discutir el socialismo del siglo XXI o esa experiencia de integración que es el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América)” (13). Es cierto que esta última, desde un punto de vista neoliberal, está en total contradicción con los intereses económicos y geopolíticos tanto de los europeos como de los estadounidenses.

Desde luego, hubo delegaciones de alto nivel del PS en los Foros Sociales de Porto Alegre en 2002 y 2003: se trataba ante todo de ganarles la partida a los altermundistas y cortejar a Brasilia. En campaña electoral, Royal se mostró ostensiblemente junto a las presidentas argentina y chilena, Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet, una de cuyas proezas políticas fue haber permitido a la derecha dura regresar al poder bajo el signo... de la continuidad.

“Enviamos allí, a las reuniones del SICLAC, a gente que se ocupa de América Latina desde hace veinte años y que nunca cambió nada –se queja Roberto Romero, asistente parlamentario de Henri Emmanuelli–. Tampoco se trata de que exista, en el seno del PS, una hostilidad para con tal o cual. ¡Se trata de una ignorancia total! En términos de conocimiento, se está al nivel de Le Monde o Libération, cuyas decisiones editoriales sobre América Latina se asemejan a la desinformación”.

Tanto para Romero como para muchos de nuestros interlocutores, “la IS, esa cáscara vacía, es sin duda la mejor agencia de viajes del mundo, y bastante confortable... ¡Pero nada surge de allí!”. ¿Es tan cierto? De las reuniones del SICLAC y de sus partidos desacreditados provienen los comunicados que difunde la IS. En América Latina, la prensa opositora publica en primera plana: ¡la izquierda del mundo entero nos apoya! Los medios de comunicación europeos lo reproducen. ¡Protestemos contra el “populismo”! Los “socialistas” leen. Y el círculo se cierra.

1. Agrupa a los partidos antiliberales, anticapitalistas, ecosocialistas, comunistas o poscomunistas.
2. Declaración de principios aprobada en el segundo congreso del partido, en 1935.
3. El FDR-FMLN agrupa un ala política, el FDR, dirigido por el socialdemócrata Guillermo Ungo, y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
4. Nueva Sociedad, N° 48, Caracas, mayo-junio de 1980.
5. Página/12, Buenos Aires, 27-6-99.
6. El SICLAC está integrado actualmente por treinta y nueve partidos, entre miembros “de pleno derecho”, “consultivos” y “observadores”.
7. Página/12, 26-6-99. Véase asimismo, Daniel Vilá, “Los caminos cerrados de la Tercera Vía”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, julio de 1999.
8. “Consejo de Buenos Aires: construyendo el cambio”, sitio de la Internacional Socialista, 25-26 de junio de 1999 (www.internacionalsocialista.org).
9. La Nación, Buenos Aires, 28-6-99.
10. El País, Madrid, 2-2-89.
11. Bernard Cassen, “Unión sagrada en Estrasburgo”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, abril de 2004.
12. “Reunión del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe, SICLAC”, 19 y 20 de julio de 2002 (www.internacionalsocialista.org).
13. Cuba, Bolivia, Ecuador, Honduras (antes del golpe de Estado de 2009), Venezuela, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda.

Relaciones de fuerza

La posada española Poseedora, a través de sus multinacionales, de importantes intereses económicos en América Latina (1), España conoce en detalle la realidad de las relaciones de fuerza. Y por lo tanto evita la confrontación. No obstante, su accionar se basa en una lógica muy clara.

Considerado un “padre fundador”, pero convertido en representante itinerante del capital ibérico, Felipe González se mantuvo fiel a sus viejos “camaradas”, entre ellos, el ex presidente peruano Alan García, tan ferozmente conservador durante su segundo mandato (2006-2011) como valientemente progresista al enfrentar al Fondo Monetario Internacional (FMI) durante el primero (1985-1990). Más a la izquierda, el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero consagró sin embargo los treinta minutos de su discurso en la XVII Cumbre Iberoamericana (en Santiago de Chile, en noviembre de 2007) a erigirse en defensor del social-liberalismo. Ejemplo significativo: si bien Madrid condonó 73 millones de euros de la deuda boliviana con la llegada al poder de Evo Morales, el 22 de enero de 2006, el entonces ministro de Relaciones Exteriores Miguel Ángel Moratinos previno, tres meses más tarde, que la nacionalización “no concertada” de los hidrocarburos podía tener “consecuencias” para las relaciones entre ambos países.

No nos detendremos en los cables revelados por WikiLeaks que atribuyen a varios dirigentes españoles confidencias tan poco diplomáticas como: “Chávez es un payaso”, el gobierno argentino “lamentable”, Morales “honesto, pero ignorante e inexperto”; el presidente nicaragüense Daniel Ortega es “el peor de todos”... En cambio, hay un cable que merece ser mencionado, que se refiere a una conversación mantenida en la embajada estadounidense en Madrid por Trinidad Jiménez, por entonces secretaria de Estado para Iberoamérica (antes de convertirse en ministra de Relaciones Exteriores de Zapatero): “Jiménez (dice que) España evita involucrarse en nuevas polémicas con Chávez [...] pero que su gobierno trabaja en las sombras alimentando a los periodistas con informaciones sobre las amenazas que pesan sobre la democracia en Venezuela” (2). Quien lee el diario “de centroizquierda” El País difícilmente pondría en duda la credibilidad de semejante afirmación.

1. Pedro Ramiro, “Néoconquistadors”, Manière de voir N°119, París, octubre-noviembre de 2011.
2. “Demarche on Democracy in Venezuela”, Embassy Madrid, “Confidential”, 27-11-07.
Maurice Lemoine
Periodista, autor de "Cinq Cubains" y numerosos libros sobre América Latina, ex Redactor en Jefe del Monde Diplomatique (París)

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/20... Traducción: Gustavo Recalde